Bitácora Facebook MetaBabel, Primavera del año de Gracia 2026

Breve crónica en homenaje a un sibarita (Bernard Grau, q.e.p.d.)

Por Nelson Vallejo-Gómez

Una para el estribo… del Salmanazar
Descenso a las bodegas de la Casa Pommery

Si paras en el Mezón del Ángel, pide que no te sirvan agua, sino champán: en Botella, Mágnum, Jeroboam, Mathusalem o, mi preferida, en estrambótica Salmanazar, como la encuentras en las bodegas de la famosa Casa Pommery.

Fundada en 1835 por el negociante, Alejandro Luís Pommery, es su joven viuda la que, a partir de 1858, convierte la Casa en un imperio envidiado hasta por la aristocracia inglesa, que sabe de espumosos.

Las bodegas son un patrimonio de arquitectura. Están construidas en túneles cavados en antiguas canteras galoromanas de caliza, que interconectan 60 bodegas a unos doscientos metros de profundidad, bajo una colina desde donde se divisan las torres de la majestuosa catedral gótica, Nôtre Dame de Reims.

Esa caliza o creta de la región Champán está formada con fragmentos de esqueletos de microorganismos marinos provenientes de mares de épocas de antes de la aparición del homo sapiens-demens y la llegada de los romanos con el arte griego de la viña por esta región. La roca tiene la particularidad de retener la humedad, de modo que los viñedos no sufren ni falta ni exceso de agua. Las bodegas naturales benefician de una humedad del 98% y una temperatura constante de alrededor 10°C, que es ideal para añejar ese almíbar fabuloso.

El champán es un vino que atesta del refinamiento técnico y artístico de la cultura francesa, su espíritu de geometría y finura, legado de la civilización grecorromana.

Te invito a disfrutar de una copa que trae a la memoria el juego de la tríada ojo, nariz y boca, jugando notas sutiles.

El ojo y la mirada, las notas espirituales

El color del champán resplandece en su copa. Un tinte pálido con reflejos dorados encanta la mirada. Las burbujas se entrecruzan y generan finas y delicadas cadenitas, translúcidas, en movimiento ascendete y musical.

La nariz y el olfato, los aromas abrazadores.

Los primeros aromas surten un ramo embriagante hecho de flores blancas que el olfato recuerda con tonos de jazmín y espino albar. Corren notas en suave armonía de cítricos maduros, refrescantes y cada instánte más esquiso emerge un aroma de miel de acacias, de brioche y de malvavisco.

La boca y el gusto, los guerreros del sabor

Las notas y los aromas atacan untuosamente los labios y el paladar hasta el goce fino, en clave de suave mantequilla que envuelve melocotones blancos. Hay un equilibrio mineral de calizas marinas. El corazón del sabor envuelve entonces la champán en la boca con elegante textura, fineza sensaciones, y un toque cítrico mineral.

Para prueba, una última copa del Salmanazar:

Santé !