Para pensar la complejidad latinoamericana

Entrevista con Edgar Morin

(Entrevista realizada en París en ocasión del 1er Congreso Inter-Latino para el Pensamiento Complejo (CILPEC), en el Instituto del Pluralismo Cultural de la Universidad Candido Mendes, Rio de Janeiro, del 08 al 11 de septiembre de 1998)


Nelson Vallejo-Gómez – «Edgar Morin, en tanto que presidente de la APC, usted organiza en el Brasil, en América del Sur, el 1er CILPEC. Momento importante para la Asociación, ya que ella reúne, con la ayuda de la UNESCO, de la Universidad Candido Mendes y de diversas Fundaciones europeas, un gran número de investigadores que trabajan en los países latinos el tema de la complejidad. ¿Cuál es la génesis y cuáles son los objetivos de este Congreso?»

Edgar Morin y Vallejo-Gómez en Pachacamac, Perú, 2007

Edgar Morin – «Yo me acuerdo, remontándome lejos en mi propia memoria, la pasión por América Latina que me vino después de la 2da Guerra Mundial, cuando se presentó el grupo musical «Los Guaraníes». Esta música, de aires precolombinos hispanizados, como «Carnavalito», crea en mí un primer elemento mitológico de atracción por este Continente y sus habitantes, donde el mundo indio tenía un lugar importante. Antes ya había leído con emoción los relatos que contaban la destrucción de la civilización precolombina por parte de los «Conquistadores».

Otros elementos vinieron luego a mí, como la admiración por la cultura mestiza del Brasil. Este amor virtual por América Latina se cristalizó a finales de los años 1950: me invitaron a un Festival de cine en Mar del Plata, Argentina. En los años 1960, fui profesor invitado en la FLACSO (Facultad latinoamericana de Ciencias Sociales), creada por la UNESCO en Chile. Aquello me permitió etapas muy ricas existencialmente para mí en el Brasil, Argentina, Bolivia, Ecuador, México. Son entonces estos elementos personales de mi apego por América Latina.

Ya en esta época y mucho más hoy, el género de pensamiento que me parece esencial, que yo llamo «pensamiento complejo», las problemáticas que él engloba, era mejor entendido por los intelectuales latino-americanos que por los franceses; como si la rigidez intelectual, las compartimentaciones, las jerarquías intelectuales de la vieja Europa del norte no existieran en estos países latinos; y como si, más que en otros países, hubiera entre los intelectuales y entre todas las personas de estas naciones latino-americanas una voluntad de comprehensión de los problemas globales, una preocupación por el destino del pueblo. No es casual que el populismo haya sido algo tan importante en su pasado político.

Hace dos años, durante la preparación en Bogotá y en Medellín de los primeros congresos colombianos sobre el «pensamiento complejo», todo se cristaliza. Veo que las diferentes personas, de horizontes y de disciplinas distintas, se encuentran en Medellín y constatan que, sin conocerse, ellos trabajan sobre las mismas preocupaciones y están animados por el mismo cuidado de relacionar los saberes, de tener un pensamiento concreto y vivo. Se constituye entonces allí una red nacional espontánea sobre el pensamiento complejo.

«La pasión por América Latina que me vino cuando se presentó el grupo musical «Los Guaraníes». Esta música crea en mí un primer elemento mitológico de atracción por este Continente»

Luego vino el Brasil, especialmente el norte de Brasil, la ciudad de Natal, donde se formó hace ya diez años un extraordinario grupo de investigación sobre la complejidad, el Grecom. En Argentina acaba de ser fundado el primer Instituto Internacional para el Pensamiento Complejo, en la Universidad del Salvador de Buenos Aires. Descubro entonces, en este fin de siglo veinte, que mis libros son leídos por gente muy distinta y que yo mantengo correspondencias en los países latinos y especialmente en América del sur. Entonces, la idea de conectar, de relacionar lo más posible a todas estas personas que se interesan en el «pensamiento complejo», se me impuso naturalmente. La ocasión tiene lugar el año pasado, durante una participación en la Universidad Candido Mendes en un coloquio sobre «Ética del futuro», organizado con el concurso de la Unesco. Presenté al director general de este organismo el proyecto de un Congreso Inter-Latino sobre el Pensamiento Complejo, sabiendo que el profesor Candido Mendes estaba presto a apoyarme y a acoger este evento en Río de Janeiro. Y así obtuve el apoyo personal de Federico Mayor y el padrinazgo de la Unesco para nuestro Congreso.

Elegí hace un «Congreso» y no un «Coloquio», ya que un Coloquio es una reunión con un orden del día muy definido y focalizado, mientras que un Congreso es en principio un encuentro abierto, al cual pueden asistir quienes quieran por simple curiosidad intelectual; un Congreso engloba temas diversos, contradictorios y complementarios, lo que es lo propio del Pensamiento Complejo, donde se encuentra problemas epistemológicos, filosóficos, sociológicos, psicológicos.

Una vez que la decisión de hacer el Congreso fue tomada, lo más difícil, es decir, de organizarlo, nosotros lo hemos hecho a partir de la Asociación para el Pensamiento Complejo (APC)»

NVG – «Entre los diferentes objetivos del Congreso, Usted espera multiplicar los intercambios, y solidaridades entre aquellos que están convencidos de la necesidad de una reforma del pensamiento, y estimular todas las investigaciones que involucren las problemáticas de la complejidad. ¿En qué consistiría esta reforma y que entiende usted por complejidad?» E. Morin – «Hay enormes malentendidos sobre la palabra complejidad, ya que se la utiliza en todas partes hoy en día, en ciencia, en psicología, en política, en economía. La manera común de emplear esta palabra traduce una incapacidad a explicar, una deficiencia del pensamiento. De hecho, la complejidad es en primer lugar una palabrapregunta y no una palabra-respuesta, es una palabraproblema y no una palabra-solución. En suma, es un desafío. El pensamiento complejo es una respuesta a este desafío. La palabra «complexus» -que significa tejido unido- evoca un pensamiento que considera que considera el tejido como algo común y relaciona los saberes separados. ¿Por qué vincular los conocimientos? Porque estamos educados según un modo que nos hace separar los conocimientos, compartimentarlos y, sobre todo, que debilita la capacidad natural del espíritu humano en contextualizar, es decir, en integrar un saber en el contexto y en el conjunto global del que forma parte.