Elementos para una Academia de la Latinidad (fragmento)
Por Candido Mendes y Nelson Vallejo-Gómez
¿Cómo se reconoce la latinidad hoy? ¿Es este el renacimiento de una cultura antigua? ¿Es éste un nuevo horizonte cultural? ¿Es esta la palabra que designa la desaparición de una memoria histórica común? ¿O se trata más bien de la caída de este mismo horizonte cultural? ¿Podemos definir la latinidad en una palabra? ¿Podemos identificarlo con un área planetaria específica? ¿Finalmente cae dentro de un área geográfica específica?
Es desde el ángulo de la multipolaridad y a través de redes de afinidades, y no propiamente a través del análisis, que hablaremos de los valores latinos: es decir del precio y de la escala de precios que damos a las cosas. La latinidad afectaría así a secciones enteras de la historia de la humanidad a través de las cuales la reflexión del hombre, en lo que es propio del hombre, se dibuja y avanza en una tierra elegida.
La latinidad también se enfrenta al advenimiento de lo virtual, a algo nuevo que no podemos representar en el repertorio histórico clásico.
(…)
Frente al círculo vicioso de los orígenes, humildemente jugaremos en la fuente una nueva dialéctica: una dialógica compleja del buen grano y la paja. Viviremos una latinidad del futuro y del recuerdo abierto, de un presente activo, y no una latinidad de memoria petrificada, selectiva, reductiva y compartimentada. No pretenderemos definir la latinidad ni confinarla a ninguna ideología. Porque la latinidad no es el sustrato civilizatorio para justificar un nuevo colonialismo. No se trata del viejo caramelo para élites que carecen de fronteras y están ansiosas por usar la cultura para avivar las divisiones sociales. A través de la idea de latinidad tomamos conciencia de una memoria rica y plural, de una vida del espíritu capaz de realizar utopías en nosotros, de esperar más de lo que espera, de dar más de lo que posee, de inspirar más de lo que siente…
Sin embargo, toda filiación verdadera es frágil porque es espiritual y siempre se reencuentra porque nunca se adquiere, como esta bienaventuranza que es sensible en las palabras, en las palabras vivas de la poesía cuando se dice, en la idea anudada del concepto encarnado en una experiencia vivida, es, en definitiva, la vida del espíritu que encuentra su número. Ésta es la palabra y la historia, el mito y la historia que nos recuerda el nacimiento y renacimiento de la Academia…