Herencia picaresca y mestizaje en América latina

Por Nelson Vallejo-Gómez

Este ensayo fue originalmente publicado en:

Cátedra abierta-Grandes temas de nuestro tiempo – Bicentenario de la Independencia 1810-2010 – Memorias 2010, Marta Lucía Londoño de Maldonado Editora, Ed. Universidad Nacional de Colombia, sede Manizales

“No somos indios ni europeos, sino una especie media” – Bolívar

La marca de identidad latinoamericana en el mundo globalizado es la de ser mestizo, pero también la de ser “vivo”, rebuscador y transgresor. Por lo mismo, la acepción mestizo conlleva una connotación negativa. Veo en la herencia de tipo picaresco el origen de tal negatividad; lo cual requiere ser explorado, en busca de la diversidad de sentidos que tiene, pues hay marca de España y también emergencias inéditas, propias al Nuevo Mundo.

En «El almuerzo», Diego Velázquez se acerca a la figura del pícaro

La marca de identidad latinoamericana en el mundo globalizado es la de ser mestizo, pero también la de ser “vivo”, rebuscador y transgresor. Por lo mismo, la acepción mestizo conlleva una connotación negativa. Veo en la herencia de tipo picaresco el origen de tal negatividad; lo cual requiere ser explorado, en busca de la diversidad de sentidos que tiene, pues hay marca de España y también emergencias inéditas, propias al Nuevo Mundo.

Propongo entonces indagar a través de una intuición literaria que muestre, en su antropología, el carácter fasto y nefasto de la herencia picaresca de corte castellano, mutado en viveza criolla. La hipótesis de trabajo es que una comprensión positiva de lo que se entiende en propio por mestizaje latinoamericano trasciende los aportes de la picardía castellana, la malicia indígena y la viveza criolla. Con lo cual esclarece la sombra contradictoria que colabora en la estructuración de la identidad del subcontinente, desde el Rio Grande en el Norte, hasta el Rio de la Plata en el Sur, pasando por los países andinos.

La hipótesis de trabajo, preciso, es que lo picaresco nos favorece entender el mestizaje y, por ende, la identidad latinoamericana. Porque, en la cuestión de la herencia picaresca de corte castellano, que veremos luego mutada en viveza criolla, hay un problema central de linaje, es decir de reconocimiento. La fuente convocada para interrogar lo picaresco es un libro clásico: La vida del Lazarillo de Tormes.

El Lazarillo de Tormes (Luis Santamaría y Pizarro, 1887, Museo del Prado)

La marca de identidad latinoamericana en el mundo globalizado es la de ser mestizo, pero también la de ser “vivo”, rebuscador y transgresor. Por lo mismo, la acepción mestizo conlleva una connotación negativa. Veo en la herencia de tipo picaresco el origen de tal negatividad; lo cual requiere ser explorado, en busca de la diversidad de sentidos que tiene, pues hay marca de España y también emergencias inéditas, propias al Nuevo Mundo.

Propongo entonces indagar a través de una intuición literaria que muestre, en su antropología, el carácter fasto y nefasto de la herencia picaresca de corte castellano, mutado en viveza criolla. La hipótesis de trabajo es que una comprensión positiva de lo que se entiende en propio por mestizaje latinoamericano trasciende los aportes de la picardía castellana, la malicia indígena y la viveza criolla. Con lo cual esclarece la sombra contradictoria que colabora en la estructuración de la identidad del subcontinente, desde el Rio Grande en el Norte, hasta el Rio de la Plata en el Sur, pasando por los países andinos.

Como el caudillo en política, la viveza criolla es el avatar en el Nuevo Mundo de la picardía castellana, cierta entrada por atajo a lo universal. Lo cual trastoca la servidumbre por origen y vislumbra la posibilidad de pervertirla o de marcar en la sombra una mueca irónica, una revuelta contra la opresión colonial. La picardía es un bosquejo de libre albedrio, es la marca de un cambio de sociedad y de paradigma, es la inclusión del reconocimiento por el mérito propio, en negativo por cierto, u otro tipo de linaje posible. Una serie de interrogantes dolorosos y perversos conducen esta indagación: ¿hasta cuándo seguirá siendo lo picaresco de corte castellano, mutado en viveza criolla, patente de corso a la bellaquería, a la violación de la ley o a la transgresión más o menos refinada? ¿Podría el mestizaje ladino, como marca valorativa, trascender la herencia picaresca y la viveza criolla, y así reconocido como identidad meridional, ser pregonero en la era planetaria de una ética compleja que contemple el tercio excluido en positivo, promueva la justicia con responsabilidad y solidaridad, legalidad y legitimidad? ¿Podría la imagen del mestizo latinoamericano contribuir por medios reales y virtuales a que cese la parodia de un continente en donde se da tradicionalmente gato por liebre, ensayo por realización y transgresión por paradigma? ¿Podría América latina y en el archipiélago del Caribe transmitir al mundo un mensaje con perspectiva de futuro e identidad propia, un mensaje que contribuya a una política de civilización y de inclusión, al reconocimiento de un mundo multipolar e interdependiente, un mundo en donde el entramado intercultural mestizo sea una identidad abierta y serena, en donde el mestizaje latinoamericano contenga un envío que contribuya a la humanización en la era planetaria, a la toma de conciencia por doquier de la identidad humana como universal concreto? En suma: ¿Cuál es la marca latinoamericana o contribución de esta región del mundo a la antropología filosófica de la identidad planetaria?