Anamnèse del 23-3-2025

Mamá


Por Nelson Vallejo-Gómez


Después del sepelio de nuestra madre, nos reunimos los hermanos a compartir y conservar objetos varios, documentos personales y fotos familiares que encontramos en viejos anaqueles y baúles del recuerdo.

A cada uno le tocaba, lo que le convenía.

A mí, de lo legado, me tocó una carpeta azul oscura en donde mi madre conservaba lo que ella denominaba: «Recuerdos Nelson».

Durante los 43 años que me separaron de mi madre, ella viviendo en Medellín, nuestra tierra natal, y yo en un exilio voluntario en París, que se convirtió en destino, desde enero de 1982, más que dinero, le mandaba o ponía de manifiesto los resultados concretos de una vida estudiantil y profesional llevada con honores, para que se sintiera, simplemente tranquila y orgullosa de un hijo que sembraba y cosechaba con creces los grandes principios y valores con los que ella lo había educado en la infancia y la adolescencia, con sudor, lágrimas y sangre.

Yo ignoraba la existencia de esa carpeta o «expediente» de recordatorio y reconocimiento, que da testimonio de mi vida intelectual y pública, desde que, a partir de 1983, empecé a escribir artículos en el dominical PAPEL SALMÓN del periódico caldense, LA PATRIA, como corresponsal ad hoc en París, gracias a una amable recomendación al Director del periódico por Consuelo Vallejo-Lema, a quien estaré siempre agradecido.

La carpeta estaba llena de diplomas, honores y todos los artículos, entrevistas y referencias de prensa que yo había escrito de 1983 a 2021 en periódicos y revistas de Colombia, Francia, Méjico, Perú y Brasil, o que se han escrito sobre mi.

Muchos de esos artículos son en relación con la extraordinaria aventura humana e intelectual que viví, gracias a Edgar Morin, viajando con él, de Paris a Colombia, Perú, Brasil y Méjico, en varías ocasiones, entre los años 1997 y 2016, cuando lo asistía como secretario particular y asesor especial para América Latina en temáticas sobre complejidad aplicada al individuo, la sociedad y la naturaleza.

Entre esos papeles, me complace encontrar el artículo publicado por el periódico LA PATRIA (Manizales, 25 de mayo 2010), titulado «Con picardía se desenmascaran las propuestas electorales», y la foto con el Rector Ricardo Gómez Giraldo, entregándome el Doctorado Honoris Causa en Ciencias Humanas de la Universidad de Caldas, gracias a la Justificación y Semblanza presentadas por la profesora Béatriz Nantes-Cruz.

Me he traído esa «carpeta azul» a París, agradeciendo a mi madre por haberla llenado durante tantos y tantos años con testimonios que no valen más que recuerdos, porque carecen de precio, y que son el reconocimiento secreto que ella hacía a los esfuerzos de su hijo por existir en el mundano mundo de la extranjería, tan lejos y tan cerca de ella.

«Ahora, te regresarás a París, no como el niño de la mamá, que vino a verla despedirse en Medellín, sino como el adulto huérfano que te has quedado, como el hombre-padre que ya eres», me dijo con un cariñoso y sabio mensaje mi prima-hermana, Ángela Gómez Cano.

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