Morin, humanista planetario

Nelson Vallejo-Gómez

La obra de Morin, inmensa y generosa, rebosa brillantez y juventud, al tiempo que provoca placer y asombro. Desde mediados del siglo XX, el pensador francés nos enseña a mirar el planeta y la humanidad en su conjunto. Ha sido el trasgresor infatigable de conocimientos que atraviesa y religa, en calidad de vigía alerta, penetrante y sagaz. Morin propone un método (…) complejo que se metodiza, como un «camino se hace camino al andar» (…) Nelson Vallejo-Gómez

Prefacio de Edgar Morin

Debo agradecer especialmente a mi amigo y cercano colaborador Nelson Vallejo-Gómez el haber reunido y publicado estos textos y entrevistas. Fue con Nelson con quien comenzó en los años 1990, la gran aventura del pensamiento complejo en América Latina. Descubrimos entonces que las semillas dispersadas por los vientos transatlánticos habían germinado en cada país de vuestro continente y vemos hoy expandirse por doquier robustos retoños, luego un bosque. En el Perú su aporte en los últimos años ha sido incomparable. Testimonio aquí mi fraterna amistad… .

Fue a finales de 1995, o comienzos de 1996, que conocí a Nelson Vallejo-Gómez. Este joven de origen colombiano, casado con una francesa, trabaja en la librería del Museo de Louvre. Fui invitado por vez primera a Colombia, simultáneamente en la Universidad Lassalle de Bogotá por Sergio Moena, el primer universitario hispanoamericano, hoy fallecido, en haberse inspirado del pensamiento complejo, y en la Universidad Pontificia Bolivariana de Medellín, por el historiador Eduardo Domínguez, para hacer en ese país un seminario de una semana. Eduardo Domínguez llamó a Nelson a París y le pidió entrevistarme para un diario de Medellín, y luego acompañarme a Colombia. Desde nuestro primer encuentro, fui seducido por su espíritu, sutil y poético, por la intensidad de su presencia, y por Nelson Vallejo-Gómez 12 su manera de parecer tan fácilmente comprenderme.

Estuve feliz que me acompañase a Medellín, en febrero de 1997, donde se convirtió para mí en un amigo indispensable. Además, a nuestro regreso a París, le solicité su colaboración para la misión que me había encargado el ministro de Educación de la época, Claude Allègre: la de elaborar propuestas de reforma para la enseñanza secundaria. Nelson me fue indispensable en la organización de las ocho «Jornadas Temáticas» que consagré a la posibilidad y a la necesidad de relacionar los conocimientos (las Actas fueron publicadas por la editorial Seuil en París y traducidas en Bolivia y en Brasil). El ministro no tomó en cuenta ninguna de mis propuestas. Pero mi trabajo no fue estéril, ya que me permitió hacer una primera exposición de mis ideas sobre la reforma del conocimiento y, por lo tanto, de la enseñanza, en un libro titulado La mente bien ordenada. Didier Dacunha-Castelle, asesor especial del ministro y responsable del seguimiento de la misión, notó las cualidades de Nelson Vallejo-Gómez, lo que le permitió dejar su empleo en la librería del Louvre para ingresar al Ministerio de Educación.

Cuando Gustavo López Ospina, en ese entonces director de la oficina de Educación para un futuro sostenible, me propuso formular mis propuestas reformadoras a escala internacional, pude beneficiarme de la colaboración de Nelson en aquello que se convirtió en el libro Los siete saberes necesarios a la educación del futuro. Estuvimos nuevamente en Medellín en abril de 1998, en un simposio sobre la familia, y en Bogotá en noviembre de 2000 cuando el ministro de educación de Colombia, asesorado por Marco Velilla y Patricia Martínez, se propuso tomar en cuenta mis propuestas, para la reforma educativa en su país. También, Nelson contribuyó, junto a Alfredo Peña-Vega, a la implementación y organización del Primer Congreso Inter-latino de Pensamiento Complejo (CILPEC) que se realiza en Río de Janeiro en septiembre de 1998, gracias a la hospitalidad del rector de la universidad que lleva su nombre, Candido Mendes, y a la ayuda de la UNESCO, presidida entonces por Federico Mayor.

A su vez, Candido Mendes nota las cualidades organizativas de Nelson y lo nombra Secretario general de la Academia de la Latinidad (1999 – 2005). Bajo la batuta de Candido Mendes, Nelson prepara y organiza, uno tras otro, encuentros internacionales, no sólo con el fin de multiplicar los encuentros entre intelectuales de las diversas lenguas latinas de Europa y de América, sino también para aportar un mensaje de comprensión, de diálogo y de paz a las culturas asiática e islámica, entre otras. Nelson se vio obligado a dejar esta fructífera actividad, que ejercía, además de jefe de la oficina América de la dirección de relaciones internacionales del ministerio de Educación nacional, cuando fue destacado como consejero cultural adjunto y agregado de cooperación universitaria de la Embajada de Francia en el Perú. Aunque nuestra colaboración, en el seno de mi misión reformadora en el Ministerio de Educación, fue ensombrecida, aunque yo reaccionaba a menudo con vehemencia frente a algunas de sus tenacidades, aunque él sentía hacia mí, no sólo pasión por mi manera de pensar, sino también arranques de furor como los de un potro que se resiste a ser domado, aunque la dominación que yo ejercía le suscitaba el deseo de dominarme a su vez en el secreto de un gozo interior, mantuvimos, a través de la incertidumbre, de los distanciamientos y acercamientos, un lazo que no pudo ser destruido y que estoy feliz de haber conservado, al fin, sereno. Nelson era un joven Cóndor que no había emprendido su vuelo cuando lo conocí. Nuestras primeras experiencias comunes le permiten tomar su impulso, Un impulso de carrera, ya que pudo asumir la secretaria ejecutiva de la Academia de la Latinidad, luego ser un cuadro en el Ministerio de Educación nacional y entrar en la red cultural del cuerpo diplomático francés. Un impulso intelectual tambiénn, ya que, sin encerrarse en tareas administrativas u organizativas, él pudo integrar el pensamiento complejo y dar testimonio, en artículos y en discursos, de sus cualidades para la escritura y el pensamiento.

Y he aquí que el Cóndor hecho adulto, ha volado sobre los Andes hacia Lima. Y volverá a atravesarlos para aterrizar en Buenos Aires. Su fidelidad por América latina, lejos de debilitarse por su destino hecho francés, se ha vuelto, al contrario, productiva, gracias al apoyo fecundo que él brinda a las grandes iniciativas creadoras, especialmente en el Perú y en Colombia, su tierra natal. Personalmente, debo agradecerle una vez más por haber reunido los textos de este libro cuyo prefacio estoy feliz de haber escrito.

Edgar Morin