La pregunta sobre el Otro en tiempos de hegemonía

“En lugar de borrarla, la democracia revela la dimensión del Otro en la experiencia de la vida” – Claude Lefort

““La relación con el otro, es decir, la justicia.” – Emmanuel Levinas

Por Nelson Vallejo-Gómez

El buen sentido práctico debería prevalecer a partir del momento en que se plantea la pregunta sobre el Otro. Porque evidentemente, hay una interdependencia de los unos y los otros. Ya no es necesario presuponer en este cuestionamiento un vínculo natural de sociabilidad pre existente o una certeza subjetiva absoluta, salvo al hacer un repaso de las paradojas y de los juegos dialécticos.

Desde entonces, la experiencia del Otro está ahí, día a día, y por así decir “a la mano” o “por desvelar”. Es un dato que, de hecho, un ser razonable, educado y discreto comprende enseguida; lo integra como una cosa inmediata, inexplicable e ininteligible, trátese de lo íntimo, en el orden ético, de la casa, en el orden moral, o de la calle, en el orden jurídico.

El paso del Uno al Otro no es natural, pero tampoco lo es la base de mi doble identidad o unidad compleja, que puede ser simultáneamente, por la facultad de la imaginación, idéntica y diferente, única y múltiple. No dejaremos de señalarlo, a lo largo de estos vistazos, para recordar la lección del vínculo jurídico natural, en la relación con el Otro, y acudir a la herencia cultural del humanismo jurídico en la Latinidad.

Lo cultural y hasta civilizado no impide que siempre seamos seres razonables, educados y discretos, ni mucho menos. La dificultad es entonces volver a visitar, en tiempos de hegemonía, las condiciones de posibilidad de la experiencia del Otro y, de nuevo, del yo.

Nuestro objetivo es señalar la urgencia para la geopolítica de integrar este cuestionamiento como un dato esencial de dignidad en las relaciones internacionales y en la búsqueda de soluciones justas para las guerras en curso y por doquier.

Las preguntas planteadas por los grandes filósofos permanecen entre líneas: ¿cómo descubrir en tal objeto para poseer y consumir, ante toda pulsión de autofagia, la subjetividad ausente? ¿Cómo percibir en tal cuerpo, bajo la mira de una metralleta, la presencia de una conciencia, de un alter ego, de otro yo como tal y no solamente con relación a mí y a mi voluntad de poder desencadenada? ¿Cuál es la extrañeza evidente del Otro en las relaciones de poder que no tienen nada que ver con un “trabajo” de mercenario? ¿Cómo resolver el solipsismo teórico o metafísico, que afirma una soledad irreductible de mi conciencia? y ¿Cómo tener en cuenta el solipsismo práctico necesario para la identificación de toda toma de conciencia?

Las diferentes formulaciones de la pregunta sobre el Otro alimentan en Occidente un corpus de Platón a Levinas, pasando por Descartes, Kant, Hegel, Fichte, Husserl, Heidegger, y así sucesivamente, las encontramos cripticas en poetas y visionarios.

La pregunta destaca inmediatamente, en el escenario del discurso que nos concierne, una tríada fundamental que es conveniente replantear en las relaciones intersubjetivas y, especialmente, en las relaciones internacionales: la tríada Derecho / Libertad / Otredad.

La pregunta, pone en juego también el estado de conciencia, subjetividad y relación con el Otro, el paso de la intersubjetividad pasional a la relación moral y la puerta estrecha que lleva del conocido al prójimo, y que da a entender ¿por qué siempre será muy difícil renegar de sus próximos para querer a su prójimo? es decir, su lejano.