El concepto de nación en América(s) se ha forjado de varias maneras. Y ha estado siempre al servicio de una concepción preestablecida de la sociedad y de los nuevos Estados. La identidad nacional de los pueblos americanos ha sido desde un comienzo una “comunidad imaginada”, según la expresión consagrada por los historiadores de la época republicana.
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¿Cuál es, pues, la “idea americana” generadora de conceptos de gobierno y de afectos compartidos? ¿Qué interés para los americanos de hoy? ¿No será peine perdue reflexionar sobre la nación en la era del derrumbe de las ideologías, del pragmatismo cínico del político de turno, de la corrupción-hidra, de la ideología del terror, de la descomposición del pensamiento social? ¿No será mejor pensar la identidad colectiva a partir de otro concepto que no sea el de nación.
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Afirmo pues, que el sentido de nación sigue siendo un desafío para los americanos. Es decir, que los americanos siguen careciendo de identidad nacional.Y en esta tarea, ellos también son contemporáneos de los pueblos del mundo. Ya que ser “nación por libertad y gloria” es otra cosa que creer serlo por extensión, oro, petróleo y misiles. También, es otra cosa que serlo por lengua y religión. (...)

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